“No me puedo poner enferma”. Que levante la mano la madre que no haya pensado esto nunca. Con un bebé al que cuidar y alimentar, ¡cualquiera se pone enferma! Y ya no solo por el terremoto logístico y familiar que ello implica, sino también porque corre el riesgo de que alguien la deje sin el tratamiento necesario por el hecho de dar el pecho o que su lactancia se vaya al traste. Y es que en la carrera de Medicina no se habla demasiado sobre lactancia materna. Si uno no se dedica a la Ginecología o a la Pediatría probablemente tendrá conocimientos vagos sobre el tema, a no ser que le despierte especial interés o lo haya vivido en primera persona.

Pero la madre lactante, además de madre, es persona, y tiene derecho a ponerse enferma o a que le duela algo. Y si establecer una lactancia, alineándose todos los astros, no siempre es tarea fácil, desmontarla puede ser cuestión de segundos. Hoy hablaré de este escenario: el de la madre que da el pecho y va al médico por algún motivo.

Y aquí nos podemos encontrar diferentes escenarios:

  • La situación más típica es la de la madre que da el pecho y necesita tomar un medicamento. Aquí pueden ocurrir tres cosas: que la mujer tenga suerte y reciba un tratamiento adecuado y compatible con la lactancia, que nadie se atreva a darle nada o que se vea obligada a dejar de amamantar para curarse. Hay multitud de medicamentos compatibles con la lactancia, pero también los hay que no lo son. Lo primero que hay que averiguar es si el medicamento pasa a la leche, y en caso afirmativo si podría perjudicar al bebé. Como medicamentos los hay a miles, tenemos la gran suerte de contar con la plataforma www-e-lactancia.org, elaborada por pediatras y con información veraz y actualizada sobre la compatibilidad de medicamentos, hierbas medicinales, contrastes radiológicos y otras pócimas con la lactancia materna. Cuando un fármaco no es del todo seguro, nos ofrecen alternativas. ¡Yo lo uso a diario! Y sí que es cierto que en algunas situaciones será prioritario tratar a la madre y no tendremos más remedio que interrumpir la lactancia, pero lo más habitual será que encontremos el equilibrio.
  • Otra duda frecuente la generan las pruebas diagnósticas. Los rayos X no pasan a la leche, y la mayoría de contrastes radiológicos son seguros. Hay que tener en cuenta las gammagrafías, porque en se utilizan isótopos radioactivos. Si son imprescindible, habrá que averiguar el tiempo que tarda el cuerpo en eliminar ese contraste en concreto (se le puede preguntar al radiólogo o echar mano de e-lactancia) y calcular así el tiempo prudencial para interrumpir la lactancia, reanudándola a posteriori. También pueden hacerse pruebas de imagen del pecho, ya sea por la aparición de nódulos o por cualquier otro síntoma que lo haga necesario. La mamografía puede ser más difícil de interpretar pero puede hacerse, y la exploración ideal para el pecho lactante es la ecografía.
  • ¿Y si la madre necesita operarse? Deberemos tener en cuenta dos factores: el tiempo de separación de su bebé, que suele ser de varias horas si no se precisan Cuidados Intensivos, y la anestesia. Y, además, hay que asegurar la alimentación del bebé. Cuando se trata de algo programado la madre se puede extraer leche antes para garantizar la alimentación del bebé, pero si no es algo urgente puede ser necesario recurrir a alguna toma de fórmula de forma puntual. La anestesia, cuando no es general (cuando la madre está despierta), es segura y compatible con la lactancia. Y, en caso de anestesia general, lo ideal es informar al anestesista, pero la mayoría de anestésicos son seguros y puede continuarse la lactancia cuando la madre esté despierta (si su salud se lo permite). El primer día la madre puede tener algo más de sueño, y es importante que haya otra persona con ella y con el bebé para garantizar la seguridad de ambos.
  • Respecto a los ingresos en el hospital, hay que tener en cuenta cada caso particular. Si la enfermedad de la madre lo permite su bebé puede estar con ella. Cada vez son más los hospitales que ingresan a madres lactantes en las plantas de Maternidad de forma conjunta con el bebé, proporcionando una cuna y cuidados y lejos de los microbios que se encuentran en otro tipo de plantas. En cambio, situaciones como enfermedades infecciosas graves o el ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos pueden obligar a la separación. Si no están juntos, la madre (si su salud se lo permite) deberá disponer de un extractor de para vaciar sus pechos y a la vez mantener la producción de leche si desea continuar con la lactancia cuando esté recuperada. La leche extraída se dará al bebé o se desechará según cada caso (enfermedad, medicamentos, deseo de la madre, etcétera).

 

Lo más importante es que la madre reciba una información correcta. No necesita frases lapidarias tipo “con biberón crecerá igual”, “¿seguro que tienes leche?” o “ya es demasiado mayor para mamar”. Sobre todo, antes de interrumpir la lactancia por un medicamento o un problema de salud, es importante consultar con algún profesional formado en lactancia. En el hospital los ginecólogos cada vez recibimos más consultas sobre este tema, lo que indica que vamos por el buen camino: cada vez hay más madres que dan el pecho y cada vez hay más profesionales de todas las especialidades que creen en la lactancia materna y en sus beneficios y velan porque las madres puedan continuar amamantando. Y, cuando nos llaman, nuestra pregunta suele ser: “¿la madre qué quiere hacer?”. Porque lo que necesita un bebé, por encima de todo, es una madre que se recupere lo antes posible y que pueda cuidar de él.

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