Cuesta hacernos fotos, los motivos son tantos…
Nunca salgo bien en las fotos. No me gusto. Estoy gorda, estoy flaca, no estoy…

Durante el embarazo nos hacemos muchas fotos de la barriga pero tampoco solemos hacernos tantas a nosotras. Cuando nace nuestro bebé ya directamente desaparecemos de la faz de la tierra… nuestro bebé lo ocupa todo.

¿Y nosotras? Yo descubrí en la fotografía una puerta de escape pero también una puerta de entrada hacia mi y hacia todo lo que me frustra, lo que me hace bien, lo que me rodea, una puerta también de entrada al presente.

Las fotografías como “puertas de escape” para no estallar en momentos simples me las encontré cuando hice las primeras fotos desde el agobio que me suponía encontrar la habitación de mis hijas (que había dejado impecable) hecha un caos total. Recuerdo que me asomé, me enfadé, me agobié, me frustré y después me reí y fui a pillar la cámara y ese caos visto en una foto no me resultó para nada dramático sino más bien lleno de vida. Fue así como el click se convirtió en la puerta de escape que me llevó fuera de mi bloqueo tonto. Esta foto fue una de las primeras de muchas otras que vinieron detrás. Fotografiaba todo lo que en definitiva me frustraba del día a día como mamá. Poco a poco fui viendo vida, me fui relajando y disfrutando más porque veía la vida diaria desde otra perspectiva.

A un cierto punto esas fotos que eran mis puertas de escape se convirtieron también en mis puertas de entrada porque a través de ellas podía ver, indagar e interpelarme (sobre todo en aquello que me agobiaba) y de repente me pregunté: ¿y yo? ¿dónde estoy yo? Ahí giré mi cámara y me encontré.

Comencé a fotografiarme leyendo, cocinando, bailando, jugando con mis hijas, incluso me fotografié delante el espejo con los ojos rojos de rabia después de alguna discusión. Quería verme como mujer, como mamá, como amiga, (también fotografiaba las charlas con mis amigas) Poco a poco conformé un mosaico de puertas, salidas y entradas a habitaciones diferentes, todas dentro de mi.

Integré la fotografía en mi vida diaria, en mi manera de ver y asimilar mi cotidianidad, con mis crisis incluidas.

La fotografía es capaz de hacernos perder el miedo a entrar en habitaciones internas que solemos cerrar bajo 4 llaves y se nos llenan de polvo.
Fotografiar tu vida y a ti vivencialmente (que es en definitiva esta manera de guardar y guardarnos en presente continuo)  puede ayudarte a recorrer toda tu “casa interior” sin miedo y con serenidad. Y lo mejor de todo… tus hijos te conocerán no sólo como madre, sino la persona que eres… toda tú.  ¿Te animas?

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Raquel Banchio, fotógrafa