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Tienes un bebé en brazos, el primero, tu primer hijo. Te has preparado increíblemente bien para el parto, y haya sido o no como lo esperabas, ahora ya estás en el “después”, en aquel momento para el que no te preparaste, y no hay mucho tiempo porque el bebé te necesita y entonces surgen todas las inseguridades, los miedos, y decides ir al pediatra para aclarar tus dudas y sentirte mas tranquila y confiada. Y aquí es donde los pediatras pasamos a tener un papel fundamental en la vida de esta familia, porque habitualmente somos el profesional que se ocupa de guiarte en lo referente a la salud de tu hijo pero también a quien se suele consultar para temas relacionados con los primeros cuidados y la crianza en general.

Puede pasar que sí que te hayas anticipado a este momento, que te hayas dejado aconsejar por la experiencia de amigos o conocidos, que hayas buscado en blogs o foros, o que incluso hayas hecho una visita prenatal para estar segura de haber elegido al profesional que mas se ajusta a tus necesidades e intenciones, y entonces todo será mas fácil; habrás escogido con tiempo, y podrás estar segura de que aquella persona que te acompañará en el crecimiento de tu hijo realmente cuadra con tu manera de ver y sentir la crianza (algo fundamental sin duda!).

Pero también puede ocurrir (¡y ocurre con mucha frecuencia!) que te encuentres el día de la primera visita pediátrica sin saber con quien te encontrarás, tal vez pides cita a último momento con quien tenga horas disponibles, o quizás vas allí porque la consulta está cerca de casa, y al llegar se suma la sorpresa del desconocimiento, lo cual puede generar aun mas ansiedad. Y aquí para algunas familias que no se encuentran a gusto en esta primera visita, comienza un largo peregrinaje hasta dar con el profesional adecuado. O incluso otros llegan con calma total sabiendo que su estilo de crianza ya lo han elegido y lo que el pediatra diga servirá solo si cuadra con su forma de pensar y que si no es así sencillamente no harán caso! Pero esto es un arma de doble filo, porque cuando todo va bien no habrá problemas, pero si surge algún inconveniente será necesario confiar en la opinión del médico y seguir sus indicaciones. La realidad es que cuando existe un problema serio, para la mayoría de los padres lo que dice el pediatra “va a misa”.

Y si bien en cuestión de enfermedad en general todos los médicos seguimos ciertos protocolos que hacen que la forma de actuar y las recomendaciones sean relativamente similares, en temas de puericultura y crianza existen enormes diferencias, a veces por falta de actualización y otras por no compartir el estilo que el profesional propone. Lo ideal es que en ambos puntos estéis de acuerdo.

Por eso os aconsejo: prepararse para el posparto también en este punto y elegid pediatra antes que os toque llevar a vuestro peque por primera vez.

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Paula Rodríguez, Pediatra e IBCLC