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Cada vez más madres quieren dar el pecho a sus bebés. Es por ello que durante el embarazo se preparan a fondo: leen libros, acuden a grupos de apoyo, hablan con otras madres, se informan de todas las recomendaciones oficiales… y a sabiendas de todo esto y, presas de un entusiasmo ilimitado, deciden que van a dar el pecho hasta el infinito y más allá.  

Luego llega el momento de poner los deseos en práctica y es cuando todo se puede torcer. Y es que por más que integrado y por más que te hayas preparado para la lactancia, las prácticas son duras y no siempre acaban bien.

¿Y qué pasa cuando las cosas se tuercen o cuándo los planes se desmoronan y las ilusiones se hacen trizas?

El éxito de la lactancia depende de muchos factores, algunos de ellos son incontrolables, y es que casi dependen del azar. Es cierto que es determinante que la madre que quiere dar el pecho se informe y se prepare para ello, pero hasta la más preparada y concienciada puede tener dificultades para seguir con la lactancia.

Y cuando llega el momento de tener que renunciar a la lactancia es cuando más duele y cuando menos ayuda encuentras. Y es que parece que nadie le da importancia a tu tristeza, no encuentras con quién hablar del tema y sientes que no puedes compartir lo que sientes a nadie… Tener que dejar la lactancia antes del tiempo deseado requiere pasar un duelo, requiere aceptar y cerrar una ilusión.

Y de la misma manera que ofrecemos ayuda a las madres lactantes que quieren dar el pecho, podemos estar acompañando a las madres que deciden dejarlo. Y ya no solo las asesoras, el resto de madres, amigas, familiares pueden hacerlo.

 

¿Qué decirle a una madre que ha abandonado la lactancia?

La empatía y saber escuchar sin juzgar, ofrecen la oportunidad a la madre que ha tenido que dejar la lactancia a compartir y asimilar su duelo. ¿Qué puedes decirle?:

  • ¿Cómo te sientes?
  • ¿Te puedo ayudar en algo?
  • Yo me sentiría muy triste…
  • Debe ser muy duro para ti

Expresar frases empáticas y abiertas (que no se responden con un sí o con un no) va ayudar a que la madres se pueda exponer qué siente, que tenga la libertad de hablar del tema sabiendo que no va a ser juzgada ni que sus sentimientos de fracaso o de culpa se van a menospreciar.

Y que no se te ocurra decirle:

  • No pasa nada, se crían igual
  • ¿Por eso lloras?
  • No hay para tanto, lo has intentado
  • No te lo tomes tan en serio

Y, evidentemente, nada de menospreciar o tomarse a menos los sentimientos de una madre que se siente así.

Uno de los grandes problemas de la lactancia es que está idealizada. Todo el mundo nos cuenta lo maravillosa que es y para las madres que no pueden conseguirla, puede suponer una gran decepción. Es importante que cada vez más la sociedad nos concienciemos sobre la realidad de la lactancia y de lo que puede suponer para la madre el hecho de que no funcione como esperaba.